El pudor y el autoengaño
Dentro del universo de solteras que conozco, hay un nicho en particular que son las separadas que tienen un “amor tormentoso”. Alegan ellas que no es la persona que las llena, que tienen una relación de esas en las que el hombre aparece y desaparece, pero lo aguantan años y años porque prefieren tener a un amante “fijo”, conocido, que estar “loqueando”.
El argumento, viniendo de mujeres que crecieron con grandes prejuicios morales, parecería válido. Una mujer cuarentona o cincuentona no “anda buscándosela” en la calle, tiene que cuidar una “reputación” en un ambiente donde se asecha especialmente a las separadas, que generalmente además tienen hijos, que de paso también cuestionan.
Es un caso complicado que no impide que sigan siendo mujeres con necesidades afectivas y sexuales. Pero algo en su cabeza les dice que sus vidas de algún modo están terminadas, que están prisioneras por sus propios prejuicios y por las opiniones de los demás.
Y se conforman. Ahí comienza el punto de revisión. Porque, ¿qué pasa con ese privilegiado que se ha ganado su confianza y que la tiene como el rincón seguro donde va a desahogarse sin dar explicaciones y sin adquirir compromisos?
Si ellas se reconocieran felices. Diciendo que no esperan nada de ellos, que simplemente son amigos con derecho y que disfrutan de la situación, genial. Pero lo que he notado yo en sus testimonios es que es más bien algo parecido a la resignación, y a un amor no correspondido a plenitud que se mantiene sobre la base de “mejor eso que nada”.
En esos casos, conviene revisar más allá de los temas prácticos. Tantas veces nos equivocamos pensando que la vida no puede traernos el amor, y el amor está a la vuelta de la esquina esperando que de verdad le demos una oportunidad.
Para ello, hace falta sincerarse con una misma de una manera muy profunda. Hacer contacto con nuestros anhelos, y saber que el hecho de estar con alguien por mucho tiempo, dentro de una relación mediocre sí que afecta y nos impide encontrar algo más pleno y mejor.
Nos entretenemos porque sentimos que no estamos solas, y tenemos a alguien que de vez en cuando nos calma el apetito. Pero en realidad, no tenemos nada, y no estamos en realidad abiertas a conocer a otro hombre.
En todo caso, cada caso es particular y único, pero ojo porque la línea es muy fina y llama a engaño.
Comentarios
Envía un comentario



esther matos
Todo el mundo tiene derecho a ser feliz... a amar y a ser amado....no hay razon alguna que pueda justificar el no querer el amor...porque no tiene sentido la vida...el que vive sin amor vive vacio, y se pasa la vida justificandose y llenando ese vacio tan necesario....prefiero equivocarme, pero nunca, nunca cerrarme a la posibilidad de volver a amar...gracias Laura por este mensaje!