De la saga Al Holiday Lover: The End
Comprendo que estés sorprendido y que no entiendas los por qué de mi decisión de bajarme del barco. Es el eterno dilema entre los de Marte y las de Venus. Nosotras somos las que por lo general vamos evaluando las relaciones en su conjunto, y por eso cuando me preguntas ese “¿Por qué exactamente?”, no encuentro una frase lo suficientemente concreta como para que te quedes tranquilo.
Parece que un “no estamos enamorados” no es suficiente, a pesar de que para mí es evidente que la falta de un sentimiento fuerte es más que una razón para llamar a la sensatez en un caso donde existen innumerables inconvenientes de por medio.
Todos estos encuentros posteriores a nuestro idilio de “holidays”, han sido de alguna forma unos pequeños exámenes preliminares para poder tomar decisiones sobre si continuar o parar.
Es cierto que encontrarse durante unos días y no tener espacio para crear una cotidianidad normal y corriente, donde las pequeñas cosas logren formar las grandes que soportan una relación, probablemente ha sido un elemento determinante, o no.
No podremos saberlo jamás. Esa misma distancia quizá pudo haber sido un elemento distorsionador, alimento de múltiples fantasías. De lejos, todo se sublimiza y entonces las llamadas, los mensajes y los emails llenan el espacio de lo concreto con palabras bonitas, de añoranza, que generan emociones que cada uno percibe y vive desde su lugar, aportando su propia dosis de irrealidad.
Tú sigues pensando que es una cosa coyuntural, y yo te digo que no, que he cerrado el capítulo y que abro una nueva página en blanco. Nunca he sido capaz de dejar asuntos pendientes pululando en mi energía, porque me desgastan. Porque es sí o no, porque es todo o nada.
Y cierro esta puerta con una sensación profunda de calma. Con la conciencia segura de que es lo correcto. De que hice lo que había que hacer para dar la oportunidad de que retoñara esto nuestro. Guardando lo bonito y también el aprendizaje de todo lo que no cuadró.
Por eso no vale la pena que nos perdamos en los detalles de lo que no me gustó, de todo eso que me hizo ver que no eran solo las circunstancias, sino que más allá de ellas, no tenemos oportunidad real de formar una pareja. Al menos no como yo quiero.
Dejaré las razones ahí donde están. De todos modos son intransferibles porque las veo yo y por más esfuerzo que haga no podré hacer que las comprendas.
Así que te doy un adiós sin rencores, sin dramas y sin dolores. Un adiós adulto y sereno, agradecido. Con el deseo sincero de que puedas ser feliz, yo desde luego seguiré intentándolo.
Comentarios
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katherine
Que bello!, es esa mi realidad en estos momentos.