Al inoportuno que me entregó toda su ternura

 

Me quedé enganchada en tu ternura. En tu mirada que me miraba y me abría tu alma. En la dulzura con la que me tocabas. En tus besos entregados. En tus palabras.

Hacía mucho tiempo que no tenía contacto con la ternura, en ese estado puro que se encuentra tan pocas veces en la vida. Y es una sensación tan profunda que no puedo olvidar.

¿Por qué no te llamo, entonces? Te preguntarás. Y es la pregunta que me hago a cada instante en el que me sorprendo sumida en la soledad. ¿Seré masoquista?, me digo. ¿Será que tu compañía sería capaz de mojar la aridez de mi tierra y alejar este sentimiento de aislamiento que mantiene a mi corazón latiendo a medias?

Pero ahí me sale la sensatez. La madurez. La prudencia. Esas cosas que se han instalado en mi ser porque de otro modo no habría podido conseguir el orden mínimo con que ahora manejo mi vida y mis emociones. Porque simplemente ya no puedo volver a ser aquella que seguía sus impulsos y veía en todos ellos una genuina posibilidad de relación.

Apareciste en un momento inoportuno y no puedo saber qué habría pasado si hubieran sido otras las circunstancias.

Estaba yo intentando dar tiempo y espacio a otra cosa que comenzaba y tu encuentro fue como una ráfaga primero huracanada, pero que se convirtió rápidamente en una suave brisa que acarició mi alma.

Y todo fue confusión. Nunca he sido capaz de manejar con éxito dos historias paralelas, y te lo dije, y te saqué a ti de mi vida porque era lo  más fácil en ese momento. Y no ha pasado un día en que no me pregunte si me equivoqué.

Y resulta que aquello finalmente se desvaneció. Le di su tiempo y el tiempo mismo me demostró que no era lo que creía que era, no daba para más.

 Ahora detengo mis manos para no llamarte. No quiero actuar con desesperación. No quiero acercarte a mí para volver a herirte. Necesito, una vez más, tiempo para saber si lo que siento por ti es solo producto de este vacío, o si es algo que late y vive en sí mismo.

Sentí la honestidad de tus sentimientos y por eso debo ser cuidadosa. No puedo hacer contigo lo que tanto me ha herido cuando lo han hecho conmigo. Aunque tú no me pusieras condiciones, aunque estés dispuesto a aceptar cualquier término en el que decida relacionarme contigo.

No sé si en el fondo me dio miedo tu convicción. La rotundidad con la que decidiste intentar luchar por mí y la simpleza con la que asumiste que te habías enamorado.

¿Será el miedo a que seas de verdad y pueda ser verdad una historia a tu lado lo que me paraliza ante cualquier intento de acercamiento?


Comentarios

Gracias por publicar un artículo como este. Esas palabras hacen que relaciones inconclusas encuentren razón de ser. Saber que puede pensar esa otra persona tan querida en una relación compleja y entender su deseo de hacer su vida, con todo el derecho que le asiste y poder entender que no fue por falta de cariño o amor, sino por querer una vida diferente. Espero que este artículo brindara paz a mas de una persona.
Sent on 04/06/2012

que linda mujer que dios la la proteja por ser una mujer tan buena
Sent on 08/06/2012

Me encontrré en cada una de tus lineas Laura... Adoro tu forma de expresar las emociones en parelelo con tus lectoras. Bendiciones!!
Sent on 12/06/2012

A mi me esta pasando algo parecido, alguien quiere entrar a mi vida y me da miedo, porque lo hace en un momento en el que ha servido de confidente de toda una gama de temas
Sent on 18/06/2012

Me siento identificada.
Sent on 30/08/2012


Envía un comentario

Tu nombre:

Tu email:

Comentario: