Mi deseo

Tantos foros y tantas discusiones sobre tantas cosas, y pocos están buscando respuestas a lo que nos está pasando en temas de amor. El amor romántico… ese factor común a todos, porque a todos nos preocupa y nos ocupa pensar en la ausencia o presencia del amor en nuestras vidas. Todos estamos viendo lo mal que anda el tema y no parece llevarnos a sentarnos y preguntarnos qué nos está pasando. ¡Qué nos pasa!

Tenemos cuchumil chats para comunicarnos y lo que nos está pasando es que nos comunicamos fatal. Los hombres parece que se sienten demasiado cómodos con el hecho de no gastar sus minutos, o el automatismo de escribir sin la responsabilidad de escuchar el feedback inmediato del estado de ánimo de la otra persona, parece demasiado llevadero.

Y a mí al menos me pasa que el texto escrito me sigue pareciendo un simple complemento para puntuales circunstancias. Pero leer un “qué pasó”, o algo que amerite una conversación me parece mal educado, torpe, triste.

Pero no es solo eso, más bien quizá es un reflejo, algo que evidencia de forma concreta una tendencia que ya estamos teniendo, la de encerrarnos en nuestras películas, nuestros miedos y retrotraernos de la realidad. Asumir por el otro lo que nos acomode en nuestra patología de ese momento, y dejar que se interprete todo como al otro le dé la gana. Hablar clara y llanamente ya parece no ser una buena costumbre. Expresar las tristezas y acompañarse, y asumir como natural los vaivenes de la vida, no está en el código actual de relaciones fast y sentimientos express Made in China.

Resulta que cada uno parece estar enganchado en lo suyo y los hombres, los hombres andan muy perdidos. Los que querían ser buenos maridos y pegaron un cuerno que les marcó la existencia y les rompió el matrimonio, y ahora no saben qué hacer con su soltería,  no saben cómo canalizar su vida de padres solteros, de todavía jóvenes, de muchos gastos y heridas aún por cerrar.

Las mujeres que han logrado trabajar su interior y entender que pueden tener relaciones gratificantes sin etiquetarlas en matrimonio o convivencia, que anhelan un cómplice para compartir la cama, la mesa y algunas escapadas, con mínimas garantías de acompañamiento, de amistad, de estar… no damos con los hombres que parezcan entenderlo.

Los muy jóvenes que sienten que se anotan un paso al salón de la fama de los tígueres del barrio seduciendo a una madura y que no pueden dar más de lo que tienen; los maduros que parecen estar nadando en la búsqueda de carne fresca y operada y los que siguen anhelando tener lo que tenían o simplemente se cerraron a arriesgar de nuevo el corazón.

Y sería maravilloso que pudiéramos sentarnos, y hacernos un coaching mutuo que nos permita vivir la juventud que nos queda con romances fantásticos donde nos llenemos de felicidad los sentidos, el alma, los días.

Así que mi deseo para todos nosotros es que logremos dar al amor el sitial majestuoso y preferencial que tiene en nuestra vida y que nos dispongamos a abrir, abrir, abrir. Hablar sin miedo a que se nos asusten, a mostrarnos con toda nuestra vulnerabilidad y capacidad de contradicción, a estar presentes, atentos, pendientes, motivados,  porque se trata de nuestra vida.


Comentarios

Feliz Navidad Laura. Leí tu artículo en estilos, y es tan acertado que se genera un gran vacío cuando no tenemos alguien a quien entregarnos. ¿Puedo sugerir una solución alterna? El amor verdadero es sacrificial y no egocéntrico. Mientras nos concentremos en definir el bien mayor como mi gratificación personal e interior sin dar prioridad al otro, siempre quedaremos vacíos. El amor verdadero es el más alto principio ético. Por eso dijo Oscar Wilde al final de su vida que la mayor soledad es cuando nos cansamos del placer. Oskar
Sent on 20/12/2014


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