Atreverse a construir un DE AQUÍ EN ADELANTE...

En el mundo de los disfuncionales románticos existe un código que raras veces se viola. Hay como un destino en el que conocemos a alguien a quien otorgamos el título de “bueno”, y entonces resulta que aunque vemos más que luces, centellas, nos hacemos los locos y dibujamos el cuadro a imagen y semejanza de lo que nos permita continuar.

Dicho de otro modo, nos engañamos. Se activa nuestro super héroe. Nos colocamos la capa y el cinturón dorado de Wonder Woman. Ahí estamos nosotras para transformar a ese hombre. Como no, amarlo como nunca lo han amado. Convertirlo en monógamo por amor. Y una cantidad de tonterías que nos animan a darlo todo… y nos destruyen.

Lo que sí es raro es cuando conoces a alguien que a todas luces tiene todas las cosas que en los otros no viste, resulta que te combina delicioso. Te sorprende que a pesar de ostentar un mundo y una intensidad vital que ronda la bacanal, se encuentren en alguna orilla del imaginario existencial y se comprendan.

Entonces parecería que esta vez la cosa se movió de forma distinta. En vez de creer, el corazón y la cabeza dudan. El corazón se encoge y recuerda uno a uno los instantes dolorosos, se reviven las heridas. Ese llanto que no deja nunca de escucharse por algún resquicio de la piel. Reconoce sin embargo, que cuando desconecta la cabeza, el corazón sí quiere. Se abre, se acerca a ese otro que aparentemente lo espera, y late a una sola voz.

Es como si esta vez el cuerpo hablara a nuestro favor, aunque nuestra mente lo haga en nuestra contra. La mente quiere convencernos de que salgamos corriendo. Hacemos un check list y vemos que son muchos los cotejos comunes. Recordamos que este tipo de hombres, que han tenido tantas mujeres, que han vivido tantas historias, normalmente no claudican, hasta su último suspiro.

Pero algo parecido a la magia crece y florece en cada encuentro con ese que se muestra tal y como es y que conecta de un modo… que ya habías olvidado.

Sucede, el milagro un día sucede de nuevo y parecería que todo el tiempo de sequía se diluyera en un suspiro, en unas risas compartidas, en un abrazo, en la comida que se saborea mientras se tiene tan claro que no te separarás más de unas horas. Que la llamada fluye, que el deseo de verte incrementa… que estar contigo se vuelve su lugar favorito en el mundo…

Alguien que de pronto está en tu vida, presente, cercano, dispuesto. Ante quien te descubres siendo exactamente tu misma. Sin mentiras, sin esconder nada. Tú frente a otro que como tú amó, y sufrió y perdió. Y que como tú, sin embargo milita en la vida, y quiere, anhela profundamente disfrutar el transcurrir de la vida junto a esa persona que lo completa y le acompaña serenamente en su vuelo.

¿Y qué puede hacer un alma desolada, más que intentar creer? ¿Qué, además de mantener los ojos abiertos puede hacer un cuerpo que ha sido apaciguado a dosis de ternura y maravilloso sexo? ¿Cómo atreverse una a negarse algo que ha pedido al universo con tantas fuerzas?

Sencillamente apelar al principio de que el pasado no puede desaparecer, pero sí que puede colocarse en un lugar aparte, en ese al que no se regrese más que a revisar anécdotas. Apostar a que es posible comenzar de cero y, heridas y miedos a cuestas, atreverse a construir un espectacular “de aquí en adelante…” 


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