#EllosyEllas: Hombres“desatendidos” versus mujeres insatisfechas

El mundo está lleno de esposos y esposas que transcurren juntos arrastrando sus pedazos. Como unidos en la voluntad de permanecer, abrazan a sus hijos y mantienen contra viento y marea ese concepto de hogar, que es tan absurdamente fundamental para los seres humanos funcionar.

Escucho el clamor de ellos. Se declaran “desatendidos”, reclaman a esa chica Cosmo que sea independiente pero que tenga ese toque tradicional de estar pendiente de ellos. Son del tipo… que su comida esté bien puesta, aunque ella solo preste su “supervisión”, pero que ellos no tengan que pensar en eso.

Extrañan a una amante dispuesta que conecte con su apetito sexual. La naturaleza manda. De pronto parecen adolescentes cuando les pasa una mujer sexy. Se evidencia su hambruna. Envidian a todo el que aparenta llevar una vida sexual movida, y muchas veces –no siempre- la cosa llega a los cuernos.

Y resulta que ellas tienen su propia cantaleta. Algunas se quejan de que la rutina envuelve su vida. Su marido no hace nada por lucir atractivo, y lo más grave: no la conquista, no la piropea, no la seduce. Una mujer necesita sentirse deseada, repito.

Entonces resulta que ellas saben que su marido quisiera más sexo pero no pueden separar corazón y genitales tan fácilmente. Resulta que para las mujeres, las emociones deben estar despejadas para dar paso a la libido. Y ahí está el error. Es al revés. Desde la solución de los problemas que pasan fuera de la cama, y la dosis justa de caricias, sorpresas y detalles, ellas podrán percibir el deseo de ellos como algo que contagia, no que irrita.

De todas las verdades dichas en una ruptura o intento de ella: “Porque me aburres”, no es la que más abunda, aunque en muchos casos es de las más ciertas. Tampoco: “porque no hacemos el amor lo suficiente”, ni mucho menos: “porque no me haces sentir atractiva”, “porque me siento invisible ante ti”.

En mi humilde opinión es un ejercicio sano ese de recrear de vez en cuando la escena de una ruptura. Qué diríamos. Cómo argumentaríamos eso que se nos instala en la vida y que no logramos expresar claramente. Esas ganas de salir corriendo en busca de un romancito con olor a nuevo. Un ser humano que nos recuerde que estamos vivos, que todavía somos capaces de causar incendios.

Y entender, de una vez por todas, que después de unos años y las tantas pruebas que puede llegar a pasar un matrimonio o pareja de larga data, es necesario ocuparse de recrear el erotismo y la pasión porque probablemente no surgirán solos, o al menos no a un ritmo razonable. Decidirse a sacar ese fin de semana o esas vacaciones en soledad. Apostar por recuperar la complicidad, esa que otrora los hacía sentir al cuerpo del otro accesible, cercano… Una caricia inesperada, un beso robado… algo que le reitere a ella que es no la mujer que ama, sino la mujer que le gusta a su hombre, y que ayude a que él tenga en ella esa pareja amante y cariñosa que tanto añora.


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