Atracciones híbridas... Relaciones ambiguas...Amistades peligrosas

Flotaba este sábado como alguien que se niega a experimentar otra sensación diferente al placer. Placer al hacer las diligencias mañaneras, al desayunar, al preparar la comida para seres queridos, esa forma tan hermosa de demostrarles amor... Música, siesta, música de vuelta. Baños, mascarillas, mimos. El murmullo de haberme perdido el concierto de Alejandro Sanz, pero matizado por Stan Getz & Joao Gilberto que acunan mi oído con un bossa jazz maravilloso.

Pensaba en esas atracciones híbridas, en eso ambiguo que es amistad pero que más allá es una amistad con atracción. Nos sentimos fascinados, atraídos y es muy parecido al enamoramiento, pero yo diría que mucho mejor. De los hombres que he tenido a mi lado, adoro a aquellos que fueron mis amigos, que no importaba la actividad o el tiempo compartido, no nos hartábamos de hablar, reír, hablar más, comer, ir a conciertos, compartir con más gente.

Los casos van desde los enamoramientos puros, sin ninguna duda, y aquellos que dejan abierto ese qué, que pulula en las cercanías, en los roces, que va en el precipicio de lo que pudiera pasar, pero que suele contenerse y de ese modo se perpetúa esa amistad especial, en la que se disfruta de un encuentro a solas, donde no haya testigos que etiqueten nada.

Hay el componente ese de saber que hay una atracción, que es como admiración y un estar a gusto, pero también una vainita, una cosita que si se dan las condiciones puede convertirse en cama.

Es eso que le da un sabor a la vida en medio de tantas cosas terribles. Una atracción que sube el ego, una amistad que alimenta el alma, unos celitos a veces, una complicidad... 


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