De la saga Al Amor de mi Vida: quién fuera el batiscafo de tu abismo...

El silencio se prolonga mientras los días pasan. Tu propuesta de vernos se ausenta y parece perderse para siempre. De algún modo me pusiste un alto y ahora todo está en tus manos. No pienso mover un dedo. Creo que ya fue suficiente.

No sé si la idea de visitarme en la soledad de este espacio, te asusta. Esa explicación ya te he dicho que me parece lógica y que, además, la prefiero a cualquier otra. De pronto rompes el silencio con un like a un tweet y te odio mucho. Leer tu nombre escrito es llenar mis pupilas de amor. Como una quinceañera. Ante ti no tengo edad, ante ti no importa lo que haga o lo bien que esté. Ante cualquier contacto contigo se hace evidente que no te tengo, y que sigues siendo ese amor que todo lo paraliza.

Analizo la frase que te gustó. No sé si te gustó porque te identificas o por lo que de mí dice. Porque pienso que para ti, imaginarte que a estas alturas siga estando disponible, es como una tentación que abre las manos y se extiende... Como una profecía, algo que está escrito y que no puede romperse.

No puedo romperlo y ya no me revelo contra eso. El otro día le explicaba a alguien que quien se acerque a mí tiene que contar con ello, con esa cuota de mí que es tuya, y que siempre lo será. Inaccesible para bien o para mi desgracia.

¿Quién querrá a una mujer con el corazón en otra parte? ¿Quién aspirará a unos besos que siempre temblarán ante tu boca?

No es culpa tuya, ni mía, ni de nadie. Es y con eso vivo, eso lo olvido, lo intento. Lo muevo de mi camino. Sigo y prosigo. Busco razones, comprendo que quizá nunca me entiendas. Que estando a esta distancia no nos hacemos daño, más allá del estricto dolorcito este de lo que no ha sido en tanto tiempo... De si al final nunca más será, de si es en cierto modo y a su manera...

De pronto un día, antes de este leve asomo de interacción, me enviaste un post de Instagram que sé yo que te llegó a algún lugar hondo. De pronto me pedías explicación como si el tiempo no hubiera pasado. Sales con esas cosas, y parecería que en tu mundo de lunes a viernes tan serios y fines de semana responsables y también plácidos, en muchos momentos, yo estoy en algún extremo de alguna mesa imaginaria en tu recuerdo, en tu vida, en tu conciencia. Y te hace pensar que me tienes cerca, y que yo te siento cerca.

Quizá sea la percepción de que sería demasiado tarde para interceptar mi vida y sentirte cómodo en ella. Demasiadas preguntas, demasiados celos, tal vez. Quizá no hay espacio ni tiempo, ni fuerzas, ni ganas. Quizá se aferra uno a lo irrepetible de esos años y a renunciar a esos que juntos ya no somos.

Tengo derecho a decidir qué creerme. Tengo derecho a sentirte cerca. Pululando por la ciudad. A veces pasando en paralelo adonde yo friego unos vasos pensando en ti. Pienso en si es fuerza de voluntad o si es simple indiferencia. Lo dejo ir, continúo. No hay nada qué hacer contigo y yo no consigo moverte desde donde estás.

Me miras, me respiras, te veo, me ves. Pero no puedes moverte, algo te ata. Algo tiene tu mirada condenada a no reencontrarme de nuevo. No sé si no puedo, no sé si no quiere, no sé si mueres por ello. Solo sé que no puedo evitar seguir aquí, al doblar de tus ganas de verme. A la orilla de tu nombre que leo y amo, profundamente.


Comentarios

Hola Laura Llo por fin encontré tu blok me encanta es como si melo escribiera para mi porque me pasa ami si supieras tengo guardado casi todas tus publicaciones de estilo corto la pagina y las guardo antes salían mas amenudo
Sent on 18/06/2016


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