#HowYouMetLauraLlo y la imaginación de mis seguidores

Un día me surgió la curiosidad de preguntar a mis lectores cómo se imaginan un encuentro conmigo. Cómo me imaginan, de qué hablaríamos, cómo sería, y bajo el hashtag #HowYouMetLauraLlo, les pregunté. Estoy muy emocionada porque se animaron, hombres y mujeres. Las historias son simplemente maravillosas, y me he gozado muchísimo compartiéndolas en mi blog y descubriendo que en estos 10 años de mi primera publicación en esta revista, he tenido la fortuna de aquilatar a gente valiosa, vibrante, creativa. Disfruten una selección de los fragmentos que más me han gustado. Gracias del alma a todos. Los demás, anímense, será divertido. laurallosoy@gmail.com

-Bruno Di Pola: En Bloomindels, NY: “Vestía un elegante "talleur" de color salmón, ¿Chanel, Givenchy? y tenía mucha prisa. Toda la prisa posible para alcanzar un vuelo de mediodía JFK-SDQ. Con un gesto suave, lento, se deshizo de sus lentes de sol, los dejó sobre la mesa, donde le envolvían los regalos, me miró de soslayo excusándose de la violencia de su actitud, y yo generoso, elegante y discreto le respondí con unas escasas palabras: "la prisa nos mata la ternura". Respiró profundamente, se humedeció los labios, dibujados sobre el rojo burgundy y sonrió. Se terminó la prisa, canceló su viaje. Fuera lucía un sol de Junio en Nueva York. Almorzamos juntos, confrontamos nuestras vidas y desde entonces, al despertarnos,  nos deseamos todas las mañanas."

-E. R.: Tomando Vodka Martini: “En lo único que había acertado fue en que portaba pocas prendas. Su perfume era exquisito y lo tome como un buen presagio, sus labios estaban delicadamente pintados, sus manos cuidadas-¿Que deseas tomar? El conjunto era armónico pero no se correspondía a la Laura de las historias.-Un vodka Martini, a pesar de la hora. Su sonrisa fue más amplia y cruzó las piernas, lindas piernas. Sentí que enfundaba el arma, que los sables bajaban, encendió un cigarrillo y yo acepté uno.-Ha sido una agradable sorpresa, me dijo. Últimamente no he tenido suerte. No hacía movimientos ni gestos innecesarios, para mí no ha sido menos le dije, conversamos como si  retomáramos la vieja conversación, luego de varios Marlboros y varios tragos veo nuestro reflejo en el cristal, su silueta juvenil con gestos delicados y la figura del señor mayor, del anciano que se pregunta si habrá otro encuentro”.

WW: Un café peligroso: “La chica de rasgos de cualquier lugar de Latinoamérica, pelo ondulado, arreglado, claroscuro, vestía  ropa clara,  sencilla pero sobria, de caída, buen gusto y buen corte.   Su cartera, de cartero de cuero,  coordinaba con sus zapatillas de tacan bajo, que más que caminar le hacía flotar.   Su presencia se sintió,  de esas cosas que pasan en fracciones de segundo y no sabemos qué, ni porqué,  tampoco nadie pregunta, solo se siente,  el aire cambió,  la gente volteó a mirar, aunque no a mirarla.   A la entrega de mi café, el Barista buscó su rostro,  como si ella fuera habitual allí,  y como quien pregunta,  qué café te sirvo, le dijo “¿próxima, Carta del  Peligro?” Se saludaron, ella sonrió, más que con los labios con los ojos,  él hablaba, ella  como quien tiene mucho para decir y poco que probar, solo escuchaba".

Madelaine Leo Espinal:  Café para el alma: “Me atreví a pedirle que armara todo un escrito con aquella triste historia mía pero me dijo que no, muy sutilmente, que dentro de poco me daría cuenta que mi historia no contaba una “carta tan peligrosa” como las que a ella le gustan y le pasan.Discutimos un rato acerca de esa idea y yo, insistente, le seguía proponiendo algo que nunca ha hecho, escribir mi historia como si fuera suya pero Laura es una mujer decidida y difícil de convencer así que se mantuvo en su sutil “no” que salía suave y lindo de sus labios y esbozando una sonrisa. Al rato de varios intentos ella me convenció a mí y decidido  esto nos despedimos, yo agradecida y menos cargada y ella fresca y ligera. Me abrazó, algo más cercana para el adiós, me sostuvo un momento por los hombros y me miró a los ojos de frente con una mirada franca que  parecía decirme “no te preocupes que todo pasa”.

Pachy Ramírez: Mi escritora favorita: “Ella, con su pausa y simpatía en los ojos, me respondió que si me lo contaba todo, entonces me mataría el interés de leer sus “Cartas Peligrosas” para el susodicho…y que no quería perder a una de sus lectoras favoritas. Yo, como quien se defiende de alguna acusación, le respondí que jamás ocurriría eso. Que nunca perdería el interés por esas cartas, ni por esas ficciones…ni por esas letras peligrosas. Ella insistió en que si me contaba el final (y sus porqués), entonces me quitaría la emoción cuando ella escribiera esa carta final al “amor de su vida”. Como mi último recurso y defensa final, le dije que entendía que una historia de amor verdadera que aún no tiene un final feliz…es porque no ha terminado. Ella se sonrío levemente y sólo me dijo: “Ay Pachy”. Una frase en la que sentí que toda la experiencia de Laura estaba en ella. Como si me dijera: “Si tú supieras…”.


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