¿Y dónde está el piloto?

Aún recuerdo esa película que veía repetidas veces en televisión en mi infancia. “¿Dónde está el piloto?”. Era una comedia americana extravagante, que a mi edad resultaba graciosa. De ahí, y en esa niña precoz que albergaba… me fijé en los uniformes de los pilotos. Y cuando adquirí más edad y comencé a transitar aeropuertos y hoteles decidí que alguna vez debía tener un romance con un piloto.

No es de extrañar entonces que me llamara la atención esa foto de un seguidor que debe ser reciente, pues nunca antes habíamos interactuado. No lo pude evitar y escribí un comentario que entiendo fue respetuoso, y puso un gentil like.

Horas más tarde, estando ya en mi computadora en casa, vi su foto sin uniforme. Admito que entré a revisar sus fotos, su muro. Encontré una mirada que café oscuro me absorbía, me ataba a ella despertando mi curiosidad. Lo prefiero con barba, sin duda… Me llenó de inquietud ese misterio. Esos rasgos varoniles, de oriente medio, esa mirada firme y tierna, al mismo tiempo. Su cadenita, su pelo que invita  a hundir los dedos en ellos…

Sigo escuchando el blues de fondo y tecleo todo esto mientras me alegra que exista la magia de unos ojos capaces de provocar todo esto. Una simple imagen que despierta esta maravillosa admiración por los misterios de las peligrosas atracciones humanas.


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