Día de los Santos Inocentes
Los miércoles solía sentarse en la mesita exterior de ese bar en el centro. Era el día oficial de caza. Se trataba de probar habilidades para detener a alguna mujer que despertara su curiosidad. Por su atractivo, pero más que todo por alguna pista que le indicara a su olfato de sabueso que estaría dispuesta a dejarse invitar unos tragos y a escuchar sus historias, y a partir de ahí determinar cómo terminaría el encuentro.


Era nuestra primera cita. Nos habíamos conocido la noche anterior en el bar más pegado de la ciudad. Entré con mi amiga L y lo vi. A él y a sus amigos, pero sobre todo a él, y pude advertir que él también me había dado un buen repaso.
La verdad, anhelaba una buena sesión de buen sexo. No tenía ganas de salir con alguien con quien no me sintiera del todo bien, y sobre todo, no quería arriesgarme a que me tocara un mal amante.Ya a estas edades una toma sus precauciones. Sabe lo triste que es un encuentro sin química, ni física, ni na. 
