Cartas peligrosas

Al misterioso caballero de la penumbra

Publicado el 22 de en Cartas peligrosas | 1 Comentario

Esta noche de sábado he danzado en la libertad de quedarme en casa. En pijamas recorrer viejas fotos, escuchar música, dejarme ir por los pensamientos que regresan… recuerdos, nostalgias. Tantas vidas ya vividas y sin embargo tan veloz todo… La que he sido y la que soy… indisolubles.

Miro fotos de años atrás. Fotos de fiestas y me pregunto qué era lo que había en la juventud que despertaba tantas ganas, risas, bailes… Amigos y más amigos. Camaradas de tantas aventuras. Amores, historias, besos, roces…

En una de esas ráfagas me viniste tú… y me detuve. Cerré los ojos e inhalé hondo… quería percibirte en el aire acaso y tal vez así entender un poco las señales. Si se trataba de la huida de alguien que cauto, prefiere retirarse o de quien que se lamenta de un error.



Al que me conquistó en el desayuno

Publicado el 23 de Julio en Cartas peligrosas | 4 Comentarios

Hoy, mientras desayunaba me venían a la memoria todas las imágenes que habían transcurrido en las últimas 48 horas, desde ese momento en el que me invitaste a bailar hasta que te despedí, a las cinco de la tarde del día siguiente, en la escalera de mi apartamento.



De la saga Al amor de mi vida: Tu olvido

Publicado el 28 de Junio en Cartas peligrosas | 3 Comentarios

Mis letras se tallan en el simulado papel de la pantalla y con cada tecla que se hunde ejerzo mi íntimo e innegable derecho a hablar, así, en forma de mensaje en una botella por el río de la nada, el que no desemboca en ninguna parte.

Me siento, respiro. Contemplo los muros que has construido y donde has encerrado tu vida lejos de mí, para que no la vea, para que no pueda percibir ni un murmullo del ruido quedo de su tibieza cotidiana. Intento interpretar nuevamente tu silencio, tu desaparición de la faz de mis días y logro no sucumbir ante esa fosa que puede abrirse en cualquier momento y tragarme.

Arraigo mis pies al suelo y repaso la procesión de dolor que he desandado desde que entendí que nunca podrías ser totalmente mío, y ese ejercicio me permite distanciarme de la posibilidad de volver a buscarte de nuevo.



Al que espero volver a ver algún día

Publicado el 12 de Abril en Cartas peligrosas | 4 Comentarios

De vez en cuando te invoco. Traigo tu recuerdo frente mío y me hundo en él. Eres ese amor al que regreso recurrentemente en mis sueños como un ritual de plenitud. Sé que hemos tenido la ventaja de lo que no tuvo tiempo de corromperse. Pasamos a nuestra historia como los amantes perfectos.

Tú, con tus palabras tan bien dichas, una después de la otra. El tono, el gesto, la cercanía. Tu boca y tus besos. Esos besos que eran capaces de elevarme y lanzarme a la felicidad.

¿Cuántos años tendrás ahora? Vuelvo a hacer el cálculo, de mis escasos 24 de los 37 de los que te avergonzabas, y entiendo algunas cosas. Sobre cómo podías ver la vida desde tu contexto. De cómo yo ira incapaz de mirar la realidad. Incapaz de no hacer nada que no fuera soñarte y latir por ti, y soñar contigo a todas horas, y esperar tus cartas, tus llamadas, nuestro próximo encuentro.

En mi cabeza saltarina no había dudas. Eras mi amor, la pena de tu ausencia era superada con creces por tus ratos de presencia. Mi amante de novela. Mi libro hecho vida. El hombre de mis sueños. Tan hombre a mi lado. Yo, florecida y viva. Ondeando mis piernas bien formadas, mis mini faldas, mis vestidos atrevidos. Mi desenfado veinteañero al andar, al estar. Mis ganas de comerme el mundo, contigo.

Y tan naturalmente tú, ese amor a primera vista. Esa magia. Esa cosa inexplicable que yo recibía con verdadero júbilo, sin requemor ni dudas. Ah! La inocencia. Esa maravillosa ceguera que me permitió columpiarme en tus brazos, creer firmemente en nuestro futuro, sin ningún argumento y porque sí… Cuando solo sentía y creía en el amor.



Al que me atrae de un modo inexplicable

Publicado el 21 de en Cartas peligrosas | 3 Comentarios

¿Cómo decir sin trasgredir? ¿Cómo expresar algo hermoso y mágico que ocurre, sin traspasar esa línea que separa a los hombres cuyas vidas ya están comprometidas con otra persona?

Lo cierto es que tu presencia me deslumbró. Más de 20 años después me reencuentro con un adulto que dista mucho de aquel adolescente que compartía aula conmigo, que era de los pariguayos que jamás pensé me atraerían,  me resulta magnético.

Un alma que brotaba luz, bondad, fortaleza. Una boca que atinaba en su tono, en sus razonamientos. Quizá no del todo de acuerdo, pero expresados con firmeza. Una sorpresa que me llenó de ilusión, hasta que supe que habías vuelto a casarte. Que no estabas enamorado, que solo aliviabas tu herida y fluías, pero para fines prácticos, seguía siendo lo mismo.



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